Bajo el peso de las calificaciones

La presión académica es un tema del que rara vez se habla. Detrás de los deberes, exámenes y de responsabilidades, hay un adolescente que intenta equilibrar sus obligaciones con su deseo de disfrutar, de estar con amigos. A pesar de eso, las altas expectativas familiares, la competencia con compañeros y  la autoexigencia que uno mismo siente pueden transformar al instituto en una fuente de tensión emocional que afecta tanto su bienestar como su vida diaria.


La presión académica, según especialistas adolescentes, se refiere a “una experiencia en la que un estudiante se ve agobiado por las exigencias de tiempo y energía para alcanzar metas académicas específicas”, las causas pueden ser diversas pero las expectativas familiares son el centro, el temor a defraudar a la familia, a no estar a la altura de los logros de tu hermano o de tus padres. La presión se intensifica cuando las calificaciones empiezan a demostrar el valor que uno tiene y el pensamiento de que una nota es la definición de quién eres. Por eso, es fundamental reflexionar sobre la manera que las familias y los centros abordan el tema del rendimiento escolar, ya que se necesita crear un entorno saludable para los estudiantes.


En entrevistas, varios estudiantes comentaron que la presión aumenta especialmente al final del trimestre, cuando se acumulan exámenes y entregas. Algunos incluso dijeron que sus familias reaccionan mal ante las notas bajas y que eso los hace sentir que nunca llegan al objetivo. La mayoría coincide en que, cuando no alcanzan la nota que esperan, se sienten insuficientes y se frustran por todo el esfuerzo por el que tuvieron que pasar. También afirmaron que la presión afecta su sueño: duermen menos, descansan mal y se sienten agotados.Según ellos, el instituto no toma en cuenta cómo se sienten emocionalmente.


Los expertos escolares expresan que, especialmente en la secundaria y el bachillerato, es normal encontrarse con estrés escolar ,donde la presión académica, la competitividad y las altas expectativas pueden provocar síntomas de ansiedad, insomnio, problemas de concentración y agotamiento emocional, por eso, es importante aprender a gestionarlo antes de que evolucione terriblemente.


Según un artículo de El País, Iria, una niña de 18 años en Zaragoza, asegura que sintió estrés escolar desde el principio de la secundaria. “En general, era una sensación de agobio, de ansiedad, de tener muchas cosas que hacer en muy poco tiempo. A veces, me daba un fuerte dolor de cabeza. Y en época de muchos exámenes y entregas de trabajos, podía llegar a tener pérdida de apetito e incluso un bloqueo mental. Con bloqueo mental me refiero a ser incapaz de pensar con claridad, y hacer las cosas; llegaba un punto en que me quedaba así, sobreviviendo como podía”.

Para evitar la presión académica y sus consecuencias, es fundamental que las familias y los centros trabajen en conjunto. Los docentes: enseñen estrategias de estudio y de organización, reconozcan los logros de sus estudiantes y proporcionen su confianza en ellos. En casa: buscar ayuda psicológica o ,en casos no severos, reconocer el esfuerzo de sus hijos, apoyarlos y, sobre todo, no compararlos, porque eso, tanto con hermanos o otras personas, afecta gravemente a su salud mental.

En conclusión, hay que comprender que el objetivo de la educación no es crear estudiantes perfectos, sino personas equilibradas y capaces de enfrentar desafíos sin sacrificar su bienestar, esto es el primer paso hacia un entorno más sano y respetuoso para todos.

Mia Micheluzzi.